La comida entra por los ojos

Que la comida entra por los ojos nadie lo discute. No os pasa a veces que con echar un vistazo a la decoración de un plato ya sabéis que no os va a gustar? A mí sí. Igual es que ya te sugestiona, para mal. Reconozco que peco de minimalista en cuanto a mis gustos sobre las decoraciones culinarias. Me sobran los adornos a los que no les encuentro un sentido, un por qué. No creo en el “todo vale”. Una aportación de sabor, contraste en color o sabor, volumen, textura sería suficiente para justificar esa existencia. Con criterio, claro.

Os pongo unos ejemplos de decoraciones que además de parecerme espantosas denotan una falta de imaginación total. Estoy segura de que a vosotros se os ocurren muchas más.

1.- Reducción de vinagre balsámico: Para mí en el top de los tops. El que gana por goleada en vulgaridad. “¿Qué le ponemos al plato para hacerlo un poco (si cabe) más barroco? Churretes de vinagre balsámico a troche y moche. ¡No hay miseria! Ponle, échale ahí, estruja el bote, pero mira qué bonito!”

Lo siento pero no puedo con esto. Cuando me presentan una simple tosta de pan con cosas ricas por encima rematada con los susodichos churretes me dan ganas de devolver el plato a la cocina. Son ganas de cargarse un plato, de que todo sepa igual. Señores, hagansé un favor, a ustedes y a nosotros, tiren el bote de reducción de vinagre balsámico a la basura.

2.- Y ¿qué me decís de esos tomatitos cherry partidos por la mitad? o peor todavía ¿de esos tomates cherry que aspiran a ser flores? Pero si eso es de hotel de Torremolinos ¡de los años 60! Viejuno no, lo siguiente. Además, las decoraciones comestibles cuando menos manoseadas mejor digo yo ¿no? (Quien dice tomatitos dice rabanitos, zanahorias talladas, etc etc)

3.- Pasemos al capítulo de las lechugas varias. De verdad, ¿se os ocurre algo más cutre que poner un lecho de lechuga cortada debajo del género principal del plato? (esto de género principal es muy de libro de escuela de hostelería). Sobretodo cuando lo que te vas a zampar se consume caliente (por ejemplo unas croquetas). En esos momentos es cuando una servidora se pregunta: ¿esa lechuga ha sido previamente lavada? ¿desinfectada? Son cosas que preferiría no plantearme.

4.- El tema de la yema de huevo encima del steak tartar merecería un post aparte. ¡Qué decir de esa yema!, parte fundamental del plato, por otro lado. Esa yema tiene su lógica, o tenía, no está ahí por qué sí. El steak tartar es el típico plato que, en restaurantes de cierto postín, el camarero termina de aderezar en la sala delante del cliente. En un bol se deposita la yema y, mientras se bate, se vierte encima aceite en hilo hasta emulsionar la mezcla y hacer una especie de mayonesa, que luego sirve de condimento a la carne picada.

En el caso de que el steak tartar llegase emplatado de la cocina (cosa muy habitual), alguien podría decirme ¿qué pinta esa yema ¡cruda! “on top” a modo de decoración?

Decido remitirme a la legislación y me encuentro con el REAL DECRETO 1254/1991, de 2 de agosto, por el que se dictan normas para la preparación y conservación de la mayonesa de elaboración propia y otros alimentos de consumo inmediato en los que figure el huevo como ingrediente, y confirmo lo que sospechaba, esa yema no está permitida por el Ministerio de sanidad. Os dejo un pequeño fragmento de lo que dice la legislación sobre el tema:

Artículo 1º El presente Real “Decreto será de aplicación a la elaboración y conservación de alimentos de consumo inmediato en los que figure el huevo como ingrediente, especialmente mayonesas, salsas y cremas de elaboración propia en restaurantes, cafeterías, bares, pastelerías, repostería, establecimientos de temporada, cocinas centrales. comedores colectivos y cualquier otro establecimiento que elabore y/o sirva comidas. Art. 2.° En la elaboración de alimentos a que se refiere el artículo 1º se sustituirá el huevo por ovoproductos pasteurizados y elaborados por Empresas autorizadas para esta actividad, excepto cuando estos alimentos sigan un posterior tratamiento térmico no inferior ,a 75ºC en el centro de los mismos. Art. 3.” Las salsas mayonesas de elaboración propia, además de elaborarse con ovoproductos, tendrán una acidez cuyo pH no sea superior a 4,2 en el producto terminado.”

En fin, no me extenderé más sobre este tema. Cada cual que saque sus propias conclusiones.

Estoy segura de que muchos estaréis en desacuerdo conmigo y me parece perfecto. Habrá a quien le gusten los churretes de balsámico o los floripondios tomateros y a otros a los que os disgusten otro tipo de adornos. Me encantaría saber vuestras opiniones sobre el tema.

Hasta la próxima!