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El puro de Jordi Roca

Aún recuerdo los puros que Jordi se fumaba en la cocina. Bueno, él no, la heladera. Todo mientras realizaba uno de sus míticos postres: el puro. Un cilindro de chocolate oscuro, brillante, perfectamente atemperado y relleno de helado de puro, que se presenta servido en un cenicero especial (para puros)… ¡y con ceniza comestible y todo!

Para elaborarlo, y gracias a un procedimiento secreto, la heladera se fumaba un puro mientras, en su interior, se iba helando y montando una base neutra de helado. Pero no era cualquier cigarro, lo que se usaba: Davidoff, Partagas… Los días en que se elaboraba, siempre entre el servicio de la comida y el de la cena, el olor a puro se nos hacía insoportable.

 

No se me olvidará la anécdota que nos contó Jordi sobre un cliente que fue a comer un día. El señor había tenido que dejar de fumar puros por razones de salud. Cuando llegó a los postres le sirvieron el famoso puro y se le saltaron las lágrimas. Después de tanto tiempo ¡se estaba volviendo a fumar uno! Eso sí es cocina con sentimiento, con emoción…

Este postre, sea como sea, es considerado ya un clásico de El Celler de Can Roca. Y seguimos disfrutando de él pero, en su última versión, se acompaña de una adaptación del mojito y recibe el nombre de Viaje a la Habana.

Hoy en día, eso sí, el helado de puro ya no se elabora en la cocina, sino que sacan la máquina heladora al exterior, al patio. Y seguro que el personal lo agradece.

 

Texto aparecido originalmente en La Cadena Ser #Tintade Calamar

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